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Turbinenfabrik AEG. Peter Behrens y los "templos del trabajo"...

Por fin Javier ha salido del lado oscuro y, a lomos de su MacBook Pro de 15 pulgadas, retoma el trabajo en este blog con ilusión renovada. Sobre todo, después de la semana de vacaciones que se ha pasado en Berlín, disfrutando de las más diversas arquitecturas que pueblan esa maravillosa ciudad.

Más de uno no entenderá por qué dedicamos la primera entrada sobre arquitectura berlinesa a una nave industrial, pero es que no es "una" nave industrial. La Turbinenfabrik AEG (Fábrica de Turbinas de AEG) es "la" nave industrial y, aunque pueda parecer mentira, uno de los edificios más importantes, influyentes y emblemáticos del siglo XX.

Peter Behrens

Peter Behrens, el arquitecto que la concibió, fue un pionero en todo lo que emprendió. Baste decir que inventó el concepto de "identidad corporativa" (hoy fundamental para tantas empresas y marcas) y que logró que los estudiantes que colaboraron en su estudio; como Walter Gropius, Adolf Meyer, Mies Van der Rohe y Le Corbusier; difundieran sus ideas por todo el mundo.

Peter Behrens nació en Hamburgo el 14 de abril de 1868 en el seno de una rica familia. Huérfano a los catorce años, quedó bajo la tutela de Karl Sieveking, miembro de otra familia prominente de Hamburgo. Se formó como pintor entre 1886 y 1889 en Düsseldorf y Karlsruhe.

En 1890, una Alemania que llevaba solo veinte años unificada y vivía con inquietud la dimisión de su "canciller de hierro" (Otto von Bismarck), reflexionaba sobre su futuro político y económico.

"Numerosos críticos sostuvieron que una mejora en el diseño, tanto en las artes como en la industria, era esencial para la prosperidad futura, y que Alemania, carente de una fuente de materiales baratos o de unos fáciles canales de salida para los artículos de bajo precio, solo podía empezar a competir por una porción del mercado mundial mediante productos de una calidad excepcionalmente alta." (Kenneth Frampton; "Historia crítica de la arquitectura moderna")

Hoy en día, aún identificamos a la industria y los productos alemanes con esa altísima calidad de diseño y ejecución. Peter Behrens se sumó a esa corriente de pensamiento en el mismo año 1890, en que contrajo matrimonio y empezó su trabajo como pintor, ilustrador y calígrafo, con una forma de hacer muy cercana al movimiento "Arts and Crafts" (artes y oficios), que venía de Inglaterra.

Viviendo en Munich por entonces, el aún pintor Peter Behrens fundó junto con artistas de los círculos bohemios de la ciudad la "Secesión de Munich". Esta "sezzesion" (que en la práctica significaba que los artistas que la formaban se apartaban de los grupos soportados oficialmente por el Estado o sus administradores) siguió al primer movimiento de este tipo, que se había dado en Francia dos años antes, y se adelantó en más de cinco años a la conocidísima "Secesión de Viena", en la que participarían artistas como Gustav Klimt, Josehp Maria Olbrich, Richard Wagner, Egon Schiele o Oskar Kokoschka. Esto nos puede dar una idea de que, al aproximarnos a la figura de Peter Behrens, estamos ante un visionario.

En 1899 acepta una invitación del duque Ernst-Ludwig de Hesse para integrarse a la colonia de artistas que acababa de establecer en Darmstadt. En ella, un Peter Behrens autodidacta en arquitectura, diseñará y construirá como una "obra de arte total" su primera casa. Diseña el edificio, los jardines, las lámparas, muebles, alfombras, vajilla, cristalería, cubertería, toallas, etc. Se vuelve a adelantar así al lema "Vom Sofkissen zum Städtebau" (desde los cojines de los sofás a la construcción de ciudades), que adoptaría la "Deutscher Werkbund (DWB)", que también él fundaría con otros diez artistas en 1907.

La primera casa de Behrens marcaría su evolución hacia un lenguaje en el diseño más austero, sobrio y geométrico. Su profunda reflexión sobre el empleo de técnicas industriales en el diseño y ejecución de cualquier objeto, aparece de forma clara a partir de entonces en su obra.

En ese año 1907, tanto se identificaba e implicaba Behrens con los nuevos ideales de la recién fundada "Deutscher Werkbund", que pasaron a apodarle "Mister Werkbund".

Ese mismo año, la compañía "Allgemeine Elektricitäts-Gesellschaft" (compañía general de electricidad), más conocida como AEG, daría un paso sin precedentes que ninguna otra empresa ha superado hasta nuestros días. Nombra a Peter Behrens asesor artístico de la compañía, dejando bajo su mando y supervisión, desde el diseño de lámparas y electrodomésticos, hasta el de su logotipo, publicidad, tiendas y exposiciones, fábricas y viviendas de sus empleados. Behrens se enfrentaba así a uno de sus más grandes retos y acuñaba el concepto de "humanización del diseño industrial", entendiendo que al arte debía englobar también los objetos industriales.

Un cartel con una lámpara diseño de Behrens y la Turbinenfabrik al fondo

En 1908, Peter Behrens y el sociólogo Otto Neurath inventan el concepto de "identidad corporativa". Desarrollan y aplican un estilo unitario para la AEG. Una imagen distintiva que la empresa asimila y aplica, tanto en su funcionamiento y esquema interno, como en sus relaciones externas con clientes, proveedores y otras empresas. El cenit de los primeros años de esta relación con la AEG es la fábrica de turbinas que diseña y construye en el distrito berlinés de Moabit entre los años 1908 y 1909.

La Turbinenfabrik AEG en la época de su construcción

Otra imagen de la fábrica en los años de su construcción

La nave estaba destinada a la fabricación de la maquinaria pesada de la AEG, las turbinas de los generadores para centrales eléctricas. De hecho, son dos naves paralelas, ya que se adhiere a la izquierda de la nave principal una más pequeña de fachada rectangular y cubierta plana.

Sección de la Turbinenfabrik

Imagen general de la Turbinenfabrik AEG hoy en día

Lateral de la Turbinenfabrik

Los grandes paños vidriados entre pilares

La nave principal, que se alargaría en 1939, cuenta con una anchura de 25 m y una altura idéntica. Su estructura está compuesta por pórticos de pilares metálicos, que aparecen al exterior sin revestimientos y con sus pernos y articulaciones a la vista, entre enormes paños vidriados que, inclinándose levemente a medida que ganan altura, otorgan potencia y volumen a la cornisa lateral. Sobre los pilares, arcos de perfilería metálica de triple articulación soportan la cubierta, mientras que, hacia el interior, hacen lo mismo con la grúa puente que permite mover las enormes piezas a los largo de la longitud de la fábrica. El frontal está flanqueado por dos pilones de apariencia maciza que se van estrechando con la altura y flanquean un gran ventanal sobre el que parece descansar el frontón opaco de apariencia pesada que, completamente liso, acoge solo en grandes caracteres el nombre de la fabrica y el logotipo de la empresa AEG que el mismo Behrens diseñase el año antes. Cabe decir que la apariencia poderosa y maciza del frontón es tan solo eso, apariencia. En realidad no es más que un fino revestimiento de hormigón colado (material del que también están fabricados los pilones de la fachada principal) sostenido por una malla de acero. Para el diseño y ejecución de la nave, Behrens contó con el ingeniero Karl Bernhard.

Uno de los pilares mostrando sus pernos y la articulación de la base

El frontal de la nave con el gran paño vidriado

Uno de los pilones laterales, con la vista del volumen de la cornisa

El impresionante frontón de la Turbinenfabrik

La detallada proporción, impresionante imagen y cuidada geometría de esta fábrica, se ha relacionado desde que fue erigida con un templo clásico. Las referencias son muy evidentes. La columnata lateral de potentes elementos verticales entre los que se suceden elementos huecos y la tremenda potencia del frontón con otros elementos verticales y otro gran paño hueco. Por ello, la Turbinenfabrik AEG se ha considerado en la historia de la arquitectura, como uno de los primeros "templos del trabajo".

El nombre de la fábrica y el logotipo de AEG que diseñase Behrens en 1908

El convencimiento de Peter Behrens de que se podía hacer gran arte y gran arquitectura en elementos industriales se percibe en esta fábrica con enorme nitidez.

La nave lateral de la Turbinenfabrik

Vista general del "templo del trabajo"

El gran maestro Behrens seguiría hasta su fallecimiento en 1940 diseñando, colaborando con empresas e impartiendo clases de arquitectura en Berlín. Clases en las que parece ser que decía a sus alumnos una frase de un poema de Robert Browning que uno de ellos (Mies Van der Rohe) llevaría por todo el mundo como lema propio. "Less is more" (menos es más).

Se dice que otro de los grandes arquitectos alemanes, Erich Mendelsohn, aconsejaba no olvidarse de ir a ver el edificio de la Turbinenfabrik AEG si se viajaba a Berlín. "Con verlo es suficiente...", decía. Javier siguió este consejo y no olvidó una visita que le llenó de una enorme emoción, recordándole por qué es arquitecto y por qué admira a este arquitecto y este edificio desde que lo conoció estudiando primero de arquitectura.

El Centenillo, su paisaje y ruinas mineras...

La última visita de Javier a este poblado del que vamos a hablar, le inspiró la redacción de esta entrada sobre arquitecturas anónimas, y hoy en día prácticamente arruinadas, pero de enorme impacto.

El Centenillo es un antiguo poblado minero, pedanía del municipio de Baños de la Encina, al que sin embargo, se accede por carretera desde La Carolina, a 17 km de él. Todas estas localidades se encuentran en plena Sierra Morena, en la provincia de Jaén, muy próximas al paso de Despeñaperros, que conecta Andalucía con la meseta de Castilla y con Madrid.

La historia minera de Sierra Morena, y en particular de El Centenillo, se inicia en época prehistórica y vive un auge desmedido en época romana desde el siglo II a.C. hasta la caída del Imperio. Sí que merece la pena comentar que el descubrimiento, en los parajes de El Centenillo, de las pruebas arqueológicas de la existencia del mayor complejo minero de época romana documentado en la provincia de Jaén, no tuvo lugar hasta los finales del siglo XIX, al realizarse prospecciones para nuevos pozos en el llamado "Cerrillo del plomo", donde se han encontraron minas romanas cuyas galerías alcanzaron una profundidad superior a 250 metros.

Las antiguas minas del "Cerrillo del plomo" abastecían de plomo y plata a parte del Imperio Romano, que demandaba estos metales en grandísimas cantidades. La plata para su orfebrería y el plomo para la realización de vajillas, vasos, recubrimientos interiores de ánforas y demás objetos para líquidos (por su estanqueidad), jarras y depósitos para la elaboración y almacenamiento de los mejores caldos de las vides mediterráneas, destinados al consumo por parte de las clases dirigentes.

Hoy sabemos que el plomo es un metal muy tóxico para el ser humano, pero en época romana se desconocía por la generalidad de la población este extremo (si bien Vitruvio, en uno de sus tratados de arquitectura lo recomienda sólo para cañerías de aguas negras y lo desaconseja para las de agua potable).

Como cosa curiosa, ajena al  tema principal de la entrada, se puede comentar algo al respecto del uso del plomo. El vino romano no era exactamente igual que el nuestro, sino más denso, ya que se obtenía hirviendo el vino más líquido en toneles de plomo. Este proceso provocaba que con el vino se mezclase el plomo en contacto con él. Los vinos más apreciados se conseguían con un mayor tiempo de hervido y así, el "jarabe de plomo", que era como lo denominaban, resultaba ser el más dulce, el más caro... Y el más tóxico. Esta es una de las causas que apuntan algunos historiadores para explicar la inusitada frecuencia de enfermedades mentales; que cursaban con alucinaciones, excentricidades y gran violencia; entre las clases dirigentes del Imperio, que eran las únicas que podían permitirse los vinos más caros... Son los síntomas del "saturnismo"; enfermedad neurológica irreversible por envenenamiento por plomo.

La época moderna de extracción en El Centenillo se inicia en 1876, cuando los señores Haselden acometen las nuevas labores de explotación. En 1886 se funda la entidad Centenillo Silver Lead Co. Ltd. y en 1897 se fundó la entidad New Centenillo Silver Lead Mine Co. Ltd. Ambas compañías de capital británico, que a finales de 1920 se convertirían en españolas, ya con la denominación Minas del Centenillo, S.A.

















El caserío del poblado de El Centenillo podría pasar por cualquier aldea rural, pero sus características morfológicas resultan muy especiales. Edificado en su totalidad con los materiales pétreos propios de la zona, las diversas tipologías de viviendas se ordenaban jerárquicamente. En la parte más baja y alejada del centro del poblado estaban los barracones residenciales destinados a los obreros solteros. Las casas de los obreros casados ocupaban alineaciones paralelas a las curvas de nivel del terreno, destacando dentro de ellas por su mayor tamaño, las destinadas a capataces. En los puntos más elevados, las mayores casas eran para los ingenieros y los directivos de las minas. Los equipamientos comunitarios tenían gran transcendencia en un poblado que en su época de mayor auge contaba con casino, economato, hospital, farmacia, capilla católica y capilla protestante (la mayoría de los administradores, directivos e ingenieros eran ingleses), escuela, cine al aire libre, casa cuartel de la Guardia Civil, pistas de tenis y uno de los primeros campos de fútbol de España.

















Una clara intervención inmedita de los propietarios ingleses en el paisaje del entorno fue la construcción del campo de fútbol, con la explanación de una superficie que hoy conserva ese uso, y la ejecución de unas gradas. Si bien no existe documentación que atestigüe exactamente su fecha, se sabe que fue uno de los primeros campos de fútbol de toda España (se cree incluso que pudo ser el primero), junto con los de otras explotaciones mineras inglesas en Huelva y Vizcaya.

















Aparte del caserio del poblado, hoy destinado mayoritariamente a residencias de recreo de personas que, o bien estuvieron relacionadas con su época minera o lo conocieron despúes de finalizada esta y apreciaron su tranquilidad, El Centenillo tiene un inmenso interés desde el punto de vista arquitectónico y paisajístico. Sus ruinas mineras de potentes volúmenes y sus perfiles topográficos no obedecen a un entorno natural, sino a uno altamente marcado por una de las actividades humanas que más puede alterar las características propias del medio ambiente... Baste como ejemplo la imagen superior del pozo Santo Tomás, inmediato al caserío del poblado, con sus ruinas y sus inmensas acumulaciones de restos de los lavaderos de mineral delante de ellas... Y sin embargo, estos paisajes y estas ruinas generan un espectáculo que sobrecoge en su contemplación y que un interesantísimo proyecto de un equipo del Centro Andaluz de Arqueología Ibérica y de la Universidad de Jaén, encabezado por Luis María Gutiérrez Soler, pretendía musealizar en todo su conjunto en el año 2000.

La actividad minera en El Centenillo pasó a una nueva fase en 1953, cuando la entidad Sociedad Minera y Metalúrgica de Peñarroya adquirió la mayoría de las acciones. Desde 1958 las explotaciones acumularon pérdidas y el propietario de las concesiones solicitó su cierre el día 4 de febrero de 1963. La explotación se clausuró definitivamente el 7 de agosto de 1964. Se habían explotado 61 pozos y obtenido una cantidad de metales entorno a las 822.219 Tm.

Las entidades concesionarias desmontaron la totalidad de la maquinaria de extracción y dejaron atrás, como testigos mudos, las edificaciones que han ido arruinándose con los años, los inmensos lavaderos de mineral y las balsas que los surtían de agua. Se recoge a continuación un recorrido fotográfico por dos de estos entornos tan alterados por la actividad humana, pero al mismo tiempo, tan impresionantes desde el punto de vista arquitectónico y paisajístico.

















En la imagen superior, un detalle de las ruinas de los edificios del pozo Santo Tomás. Impresionan sus volúmenes hoy carentes de cubiertas y las fábricas de piedra de sus muros descarnados.

Las chimeneas son otro de los hitos arquitectónicos que perviven en diversos puntos del paisaje. Estaban destinadas a la ventilación de las galerías y a la izquierda de la de ladrillo se puede apreciar con claridad la prolongación del conducto de ventilación, sobre el suelo, que la conectaba con la boca de la mina.

En esta imagen, un edificio adosado a la roca natural del terreno, junto al pozo El Mirador, probablemente un almacén o similar, que da una idea de cómo la naturaleza va lenta, pero inexorablemente, reclamando su estado original.

Espectacular volumen del edificio de acceso del pozo El Mirador. Delante de la entrada se puede ver la base en la que estuvo montada en otro tiempo la cabria que permitía el movimiento de los ascensores para personas y cargas.

Muro de un inmueble del conjunto del pozo El Mirador que a duras penas se mantiene hoy en pie mostrando todas sus intimidades constructivas, la fábrica de lajas de piedra y el arco de descarga con ladrillo macizo.

El mismo muro que en la imagen anterior, con el edificio principal al fondo. En primer término, caídas, las lajas de pizarra que se han descompuesto en pequeñas láminas por la acción atmosférica a lo largo del tiempo.

Patio de una de las edificaciones del pozo El Mirador que incluye otra edificación menor en su interior. La naturaleza ha tomado el mando y la obra del hombre apenas resiste sus embates. La construcción mixta en piedra y ladrillo se aprecia perfectamente.

Otro de los potentes edificios del pozo El Mirador, uno de los mejor conservados. En la esquina superior derecha de la fotografía se puede apreciar otra chimenea de ventilación, en este caso más pequeña que las de la imagen anterior.

Vista del entorno del pozo El Mirador, con el derrumbado lavadero mostrando su costillar interior. El pozo Santo Tomás aparece al fondo de la imagen.

Vista del costillar interior del lavadero del pozo El Mirador, que sufrió su derrumbe casi completo hace muy pocos años, observándose la antigua estructura horizontal del mismo en el suelo, a la derecha de la imagen.

Las dos costillas laterales del lavadero elevándose hacia el cielo. Se aprecian aún los atirantados metálicos que ayudaban a soportar las tensiones laterales sobre los muros que provocaba el paso del mineral a lavar por su interior.

Vista frontal del mismo lavadero de mineral del pozo El Mirador mostrado en la imágenes anteriores. Por estas trampillas salía el mineral lavado, provocando un gran rozamiento bajo ellas cuyas huellas son aún palpables.

Otro elemento del pozo El Mirador, junto con los canales para el agua del lavadero por flotación. Los anclajes superiores de cables dan testimonio de otro tiempo de máquinas, actividad constante y ruido ensordecedor...

Un tiempo ya pasado en El Centenillo que ha dejado a estos lugares, estas piedras y estos ladrillos, en un sueño de paz que parece antojarse eterno...

P.S. Dedico esta entrada a mi suegro, Agustín Gómez Zurita, que me enseñó El Centenillo y sus parajes, y que los ama profundamente.

Grossmarkthalle, Martin Elsaesser y la sede del BCE... (1)

Tengo que empezar diciendo que, hasta hace dos semanas, cuando mi buen amigo Erich Hofmann (residente en Frankfurt) me envió un correo electrónico sugiriéndome el tema de la entrada, sólo había visto imágenes del proyecto de la nueva sede del BCE en alguna página web de arquitectura, sin profundizar más en sus orígenes y, sobre todo, en su entorno. Gracias a Erich he descubierto un impresionante edificio de hormigón y ladrillo, y a su ya olvidado arquitecto.

Muchas veces la historia puede ser cruel con creadores que, a pesar de haber acometido grandes proyectos y obras, quedan relegados hasta que su nombre se pierde entre las brumas del tiempo. Deseo hacer hoy mi pequeña aportación para recuperar la memoria de un hombre y su obra más emblemática. Martin Elsaesser y el Grossmarkthalle (mercado central de frutas y verduras) de Frankfurt, conocido en su tiempo como "Gemüsekirche" que se podría traducir por "Catedral de los vegetales".

Martin Elsaesser

Martin Elsaesser nace en Tubinga (Tübingen, en alemán); la ciudad universitaria a orillas del río Neckar en la que estudiase Johannes Kepler a finales del siglo XVI; situada 40 km al sur de Stuttgart, en el estado de Baden-Württemberg, Alemania, el 28 de mayo de 1884. Es el noveno hijo (de un total de diez) del teólogo Karl August Elsaesser y su esposa Marie Sofie Werner.

Comienza en 1901 sus estudios de arquitectura en la Universidad Técnica de Munich, con Friedrich von Thiersch como profesor, para finalizarlos en 1906 en la Universidad Técnica de Stuttgart. Allí, recibe la influencia de profesor Theodor Fischer, que está siguiendo su propio camino hacia la simplificación del lenguaje arquitectónico para pasar del eclecticismo historicista alemán, hacia la expresividad de las formas constructivas y de los materiales empleados. Junto con Martin Elseasser, otros alumnos de Theodor Fischer, tales como Ernst May (con el que compartirá más tarde responsabilidades profesionales en Frankfurt), Erich Mendelsohn y Bruno Taut, serán figuras relevantes del posterior Expresionismo alemán.

En 1905, Martin Elsaesser gana un concurso para la Iglesia Protestante de Baden-Baden (construida en 1907), que supondrá el inicio de su carrera como arquitecto independiente que, durante los años anteriores a la I Guerra Mundial, le llevará a ser uno de los arquitectos más importantes de la iglesia protestante en el suroeste de Alemania. En su lenguaje arquitectónico de esta primera época se aprecia ya la ruptura con el historicismo romántico que impera en ese momento en el país y su aproximación hacia nuevos conceptos estructurales reformistas. Compagina su actividad con la docencia, siendo profesor asistente de Theodor Fischer entre 1906 y 1908, y de Paul Bonatz entre 1909 y 1912, con ambos en la Universidad Técnica de Stuttgart. En 1912 es nombrado profesor de Diseño Arquitectónico, Arquitectura Medieval y Teoría de la Construcción.

Entre 1920 y 1925 su actividad se desplazará a Colonia, al ser nombrado por el alcalde, Konrad Adenauer (el insigne político y estadista que soñó la Unión Europea), director de la Escuela de Artes y Oficios de Colonia. Desde su cargo, será el responsable de la adaptación de la escuela a las ideas de la Werkbund (de la que ya hablamos en la entrada de la Farnsworth House), con la remodelación de talleres y la construcción de un nuevo edificio docente. Su lenguaje constructivo emplea el ladrillo y el hormigón armado, con formas arquitectónicas de clara tendencia expresionista, pero sin dar el salto al uso de elementos prefabricados o industriales que otros arquitectos, como Mies van der Rohe, estaban ya empleando.

En 1925 su carrera profesional da un salto cualitativo. Es nombrado Jefe del Departamento de Edificación de la ciudad de Frankfurt por el alcalde Ludwig Landmann. Allí se volverá a encontrar con Ernst May, que acometía desde el Departamento de Urbanismo el Plan Regulador de la ciudad. Trazará con May nuevas urbanizaciones de la ciudad y reformará gran parte de los edificios escolares.

En 1927 acometerá el proyecto más importante de su vida, que se convertirá también en el edificio más grande de Frankfurt am Main durante décadas. El Grossmarkthalle que, como ya se mencionó, fue el mercado central de frutas y verduras de la ciudad hasta 2004. Se ubica en la orilla derecha del Main, junto al puerto oeste de Frankfurt (Osthafen).

El edificio y sus alrededores en 1930

La potente estructura del mercado, cubre un espacio rectangular de 50 metros de anchura y 220 metros de longitud. Dispone de una sala central completamente libre de columnas de 13.000 metros cuadrados, para 130 puestos de mayoristas, y dos contundentes edificios para locales, despachos y oficinas en cada uno de los lados menores del rectángulo. La "Catedral de los vegetales", como pronto fue conocido el inmueble en la ciudad, es ejemplo paradigmático de arquitectura expresionista industrial de la República de Weimar.

El impresionante volumen del edificio, en 2007

El Grossmarkethalle con el perfil del Frankfurt moderno tras él

No solo el propio edificio, sino también sus alrededores, albergaban espacios para detallistas, transportistas, compañias navieras, etc. El Grossmarkthalle es un edificio cuyo material fundamental es el hormigón armado. El ladrillo, tan propio del lenguaje constructivo de Martin Elsaesser, ocupará aquí un lugar más decorativo, formando las fachadas de los bloques de los extremos. Grandes ventanales proveerán de luz a la sala central.

Sala central del Grossmarkthalle

La sala en plena actividad

Perspectiva cercana del inmenso volumen del edificio

Impresionante fotografía de uno de los edificios extremos

La sala central ya se comentó que dispone de un espacio libre de soportes de 50 metros de anchura. En su tiempo fue el espacio cubierto más ancho del mundo ejecutado con una estructura "monocasco" o unitaria (formada sólo por una capa de hormigón armado, sin estructuras auxiliares de acero de tipo espacial que la soporte). Más aún puede llamar esto la atención, si se menciona que la losa de hormigón armado que la forma tiene un espesor, casi ridículo, de 7 centímetros. La sala se cubre con quince bóvedas de cañón transversales al eje principal del edificio, de forma semielíptica, de 36,9 metros de longitud, 14,1 metros de anchura y 6 metros de altura, cada una. Un alarde increíble de construcción, técnica y estrutcuras para la fecha en la que ejecutó, 1928.

Película muda del proceso de edificación de la sala central

Para rematar la sorpresa ante este impresionante edificio, mencionar que la sala central en sí, estaba lista para su uso en 24 semanas desde el inicio de su construcción hasta su puesta en servicio.

Película muda del mercado en plena actividad, poco después de su inauguración

La inauguración del Grossmarkthalle se celebró el 25 de octubre de 1928, y no fue clausurado hasta el 4 de junio de 2004, después de cumplir unos saludables 75 años. El edificio está protegido y catalogado como monumento arquitectónico industrial desde el año 1984.

Película muda con vistas del mercado y alrededores

La única etapa de la existencia de este edificio en que dejó de ser mercado central de frutas y verduras de Frankfurt, fue desde 1941 hasta el final de la II Guerra Mundial. Bajo el régimen nazi del III Reich se convirtió en centro de detención y reunión de los judíos de la ciudad y de toda la región, desde el que partían hacia el horror y la muerte en los campos de exterminio.

Placa en honor a los judíos deportados desde el edificio entre 1941 y 1945

La vida posterior de Martin Elsaesser se vería también afectada por el advenimiento del III Reich, tema que trataré en una posterior entrada, junto con el proyecto de 2005 para implantar en el propio edificio y en sus alrededores la sede central del Banco Central Europeo.

P.S. Las fotografías se han obtenido de la red, de la Fundación Martin Elsaesser, del Ayuntamiento de Frankfurt, de la página del Banco Central Europeo y de la del Museo de Arquitectura de Alemania.